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Experiencias con la lectura

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EXPERIENCIAS CON LA LECTURA

Por: Pablo Nicoli Segura. Aqp.

Han pasado ya algunos años desde que empecé a dictar Cursos Taller de escritura creativa; por supuesto he ido sacando conclusiones en este tiempo sobre temas de motivación y construcción de narraciones, especialmente en el mundo de los cuentos. ¿Pero valdría preguntarse que es motivar?

Se puede definir a la motivación como el impulso y el esfuerzo para satisfacer un deseo o meta. En cambio, la satisfacción esta referida al gusto que se experimenta una vez cumplido el deseo.

Una de las cosas que he sacado en claro es que es bastante más fácil motivar a un niño o joven que a un adulto. Los jóvenes poseen aún una masa blanda para moldear de la manera que uno ve más conveniente, mientras que los adultos ya han secado -por decirlo de alguna manera- y es más duro trabajar con ellos; ya sea por sus ideas (mas definidas y cerradas al cambio) o por que simplemente se han acostumbrado a un método o sistema de trabajo que no siempre es satisfactorio y creativo; las mismas ideas y motivaciones ya no les conmueve tanto.

Otra cosa que he sacado en claro es que los mejores trabajos -narraciones cortas- que han llegado a mis manos, producto de los cursos taller que he dictado son  los que me entregaron los jóvenes.

Recuerdo por ejemplo a una niña de 12 años que compitiendo de igual a igual y con el mismo argumento propuesto para la redacción de un cuento en el curso, se llevó el primer lugar de la clase, a pesar de ser la alumna más joven, con compañeros que, como promedio, le doblaban la edad. Por supuesto, al terminar el taller, tuve que hablar con sus padres y pedirles que siguieran incentivando la lectura y la escritura creativa a su hija; pues sus condiciones eran más que evidentes. Además les ofrecí la posibilidad de publicar el cuento de la pequeña en un suplemento local; del cual yo era editor.

Pero ya que estamos hablando un poco sobre motivación, habría también que hablar de lo contrario. La pregunta ¿que desmotiva a la lectura -el primer paso- y a la escritura -el segundo- cuando hablamos de literatura?

A propósito le escuché decir -alguna vez- a un ponente muy carismático que estuvo de visita por Arequipa, que según él opinaba los problemas con la lectura en niños y jóvenes en nuestro país estaba condicionado por diferentes factores, llámese una deficiente alimentación, factores sociales, económicos y culturales (al no tener mayor acceso a los libros y a la lectura de los mismos) y por último un problema mucho más serio de tipo neuronal; puesto que al no desarrollar el cerebro con todo aquello que procura la lectura constante (concentración, imaginación, información, raciocinio, etc.) éste se veía condicionado a un trabajo inferior por la falta de ejercicio mental adecuado. Incluso en la misma conferencia en la cual la persona mencionada fue ponente, alguien preguntó sobre las diferencias que podían encontrarse, con respecto a los temas tratados, en colegios nacionales (de bajo nivel socio, cultural y económico) con respecto a los particulares, que tienen ventajas evidentes tanto a nivel educativo, pedagógico y de infraestructura como para hacer notar diferencias.

Bueno la experiencia en colegios tanto nacionales como particulares me ha demostrado que al menos en el tema neuronal, la suposición no parece tener mayor sustento. He podido motivar de igual manera a ambos tipos de educandos y sus trabajos narrativos también me han demostrado mis apreciaciones. Para mí el problema no está en lo neuronal, con mínimas diferencias seguramente, que no forman un abismo mental. El problema se encuentra en la motivación y desmotivación a la hora de elegir los temas para la lectura de los educandos. Para decirlo más claro, se trata de la lectura inadecuada que eligen, usualmente, los maestros y padres para los niños y jóvenes. Darle a leer a un niño un libro del que no gusta es una fuente de desmotivación segura y porque no, un crimen de lesa humanidad; es decirle que la lectura es una tarea más que deberá cumplir por obligación y no por placer o entretenimiento. Ofrecerle a un niño un libro carente de ilustraciones es echar algo más de leña al fuego. Entregarle a un niño una lectura lenta, abusivamente extensa y tediosa solo por ser considerada obra clásica o nacionalista es terminar de escribir su futuro como lector promedio; hablando de nuestro país, medio libro por año.

Las circunstancias me han llevado a escribir algunos géneros muy compatibles con los niños y sobre todo los jóvenes, llámense estos el de aventura, ciencia ficción, intriga/policial, horror y fantasía. En especial la aventura, el horror y la fantasía han sido los más motivadores para esos mismos jóvenes de los que hablo, llegando a ser el más sorprendido yo mismo como autor. Géneros considerados marginales por algunos adultos o lectores elitistas que pueden tener sus propias opiniones, respetables seguramente, pero que sin duda promulgan una forma de racismo bibliográfico que no suma; sino al contrario. Menos mal que los jóvenes no han sido afectados y todavía ellos se estremecen ante un buen relato de intriga que les propone una víctima aplastada sobre la alfombra, para que al final resulte que se trata de una mosca, o un cuento fantástico que nos sugiere que el personaje no encuentra su auto, en su casa no está su familia y al salir a la calle no están los árboles,  la acera; pues todo ha desaparecido, o una buena aventura de Julio Verne de tantas que escribió, o una leyenda sobrenatural que quizás se cuenta aún en su ciudad y que le sucedió a un amigo.

Claro habrá novelas que por su extensión le parecerán al niño o joven un camino largo y escabroso. Lo más probable es que este camino nunca se concluya y el lector quede frustrado por no haber concluido sus metas.

Un error fatal en la educación y la lectura es no dejar libertad de elección a los lectores primerizos a los cuales les llama la atención un libro o dos, ya sea por su portada, título o género que le resulta atractivo.

En cualquier colegio nacional o particular donde he asistido como invitado para motivar a la lectura escolar, la misma fórmula siempre me ha dado igual resultado. He planteado ciertas preguntas intrigantes en clase para que los alumnos me respondan o les he contado el argumento de un cuento fantástico o una leyenda local y las manos de los jóvenes han empezado a levantarse y las  preguntas, respuestas y opiniones han llegado como un aluvión inesperado. Muchas veces he terminado la visita y los niños y jóvenes me reclamaban por irme tan pronto: media hora o más. Igualmente me he sorprendido gratamente cuando muchos de esos mismos jóvenes  me han dicho que tienen todos mis libros y se han acercado a mi por un autógrafo, y yo al preguntarles que libro mío les gustó más me respondan inocentemente: ¡No lo sé aún no los he leído!

Y ustedes se preguntarán ¿cuál es el secreto del éxito y que ha ayudado a que los jóvenes se interesen por este tipo de literatura? En muchos casos se trata de:

-Una temática o género adecuados a las edades y gustos de los lectores.

-Inicios atrapantes que motiven a leer.

-Un lenguaje simple y directo, sin mayores ornamentos.

-La idea de que mucho de lo que leen tiene matices de realidad, aunque no lo sea. Especialmente si los sucesos contados se desarrollan en su propia ciudad o país.

-El uso de técnicas literarias que promueven la intriga o el suspenso sostenido (el dato escondido).

-El uso del cuento y leyenda como géneros narrativos cortos y accesibles, en un mundo dónde todo es más rápido.

-Ilustraciones sugestivas que acompañen al texto.

-Finales inesperados que dejen un sabor imperecedero en el recuerdo. Un Jaque mate al lector. Etc.

Y sobre todo, las visitas a las clases de colegio y las motivaciones y dinámicas grupales dentro de los cursos taller de cuento, pero eso es parte de otro artículo...

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